Tal vez empezar un nuevo mes nunca me pareció de las mejores cosas
tal vez por que nunca vi las pequeñas oportunidades de la vida.
Me pase 20 años aturdida en la contradicción más grande,
queriendo el amor de en sueño.
Pero huyendo de la realidad, queriendo fijar metas que nunca logre completar.
Esa soy yo, la que vuelve poesía las cosas tristes.
La que perdona amigos que no valen la pena,
quien recoge los restos de las historias mal redactadas.
Y no me siento mal por descubrirme
por que esto me tomara tanto tiempo.
Al fin sé que la vida nunca se detiene,
que es un tren sin paradas continuas, como el amor que solo aparece una vez,
ese amor que te toca el alma con un dedo y lo demás está de sobra contar.
Hoy las cosas buenas están pasándome, a mi.
A la que las cosas gratas nunca llegan, hoy estoy aquí.
En este punto donde los besos de mi madre son una joya y la licenciatura al fin me va sacar ojeras.
y lo estoy disfrutando, estoy deseando que las cosas difíciles me sigan pasando.
Por que así he llegado hasta aquí, a base de este remolino emocional.
Todas y cada una de las malas situaciones hoy son mi dialecto.
Hoy septiembre y sus lluvias me muestran que la soledad se disfruta de una manera inimaginable cuando el corazón esta bombeando más de lo normal
cuando se baila, cuando se canta, cuando se escribe.
CUANDO SE VIVE.

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