domingo, 29 de julio de 2018

¿Y si nos repetimos?

Me da vueltas en la cabeza una y otra vez la misma pregunta ¿Y si nos repetimos? 
¿Que tan malo sería repetir una catástrofe así de grande de bajo de una ciudad en ruinas?
Al final de todo, ya hemos destruido todo a nuestro paso desde la primera mentira -y eso ya hace mucho- 
En serio ¿Y si nos repetimos? Una y otra vez, al parecer, después de estudiarnos tantos años, ya sabemos como hacerlo de memoria, al derecho y al revés. 
¿Que podría salir mal que no sepamos en carne propia?
Como si esta historia no tuviera suficientes heridas abiertas en la superficie...
Que me quema escribirte poemas desde mi azotea, por que cuando cae el atardecer
puedo ver que el sol se esconde detrás de todo nuestro pasado.
¿Acaso no te lo has preguntado un domingo a las 6 de la tarde?
Por que a mi me persiguen las mismas preguntas a las 6, 7, 8,9 y el día siguiente también. 
¿Y si nos repetimos?
¿Y si volvemos a nuestro muelle favorito y escuchamos todas esas canciones raras
mientras nos volvemos parte de aquel juego, de que el pasado al menos lo que dura un beso ya no importa -o al menos no pesa tanto- ?
¿Y si volvemos al 2016 y nos quedamos ahí todo el invierno? Mientras llueve todo el día y la gente se vuelve loca, tú y yo paramos el tiempo en nuestra cama. 
¿Y si corremos en medio de todo esto para huir de toda la jodida realidad? ¿Sería tan malo huir de la mano mientras atrás de nuestros cuerpos, tenemos fantasmas más grandes que las excusas para no hacerlo?
¿Y si en vez de haberte quedado varios días cuidándome en la cama cuando me lastimaron el brazo, te hubieras quedado no sé -toda la vida- a cuidarme el corazón cuando me lo rompiste?

Ya sé que no hay remedio para los corazones rotos que vengan de la misma persona que los rompió
pero también se que no encajamos mentalmente, física y emocionalmente con todos -Tal vez con nadie- Tal vez, por eso parece imposible contestar la misma puta pregunta 
¿Y SI NOS REPETIMOS?

Me pregunto que podríamos joder que no este lo suficientemente jodido.
Y volví mis preguntas respuestas -Como es costumbre- para responderme frente al espejo
que me deje de mentiras, que me deje de huidas, por que no podemos repetirnos. 
Aún que nos inunden las ganas de hacerlo, solo terminaríamos secándonos al intentarlo una vez más.
Y mira que nos queda poca agua para seguir con vida. 
Aún que suene poético decirlo, no me importaría gastar mis últimas gotas contigo, pero mi parte humana me recuerda que desde hace mucho ya no somos un poema -No al menos de esos que te sanan el alma- Más bien solo somos uno de aquellos que te hacen llorar en la madrugada.  



martes, 17 de julio de 2018

Carta a mis viejos errores.


Leí en algún lugar, que las recaídas son las ganas de esconder el dolor en vez de enfrentarlo.
Pero desde aquel incendio de nuestra despedida, no he hecho más que enfrentarme al dolor inmenso de preguntas sin respuestas.
Esta carta no tiene asunto, por que en medio de tantas muertes emocionales, no encuentro la direccional.
No sé que clase de carta sea esta, pero si sé a quienes les va tocar la puerta.
El, que es un desastre en medio de la tercera guerra mundial, ya sé que no existe la tercera guerra, pero el tampoco existe, lo único realmente existente es su desastre.
Ella, que es un respiro, al final de tantos asfixios emocionales, pero a su vez son las manos alrededor de mi cuello.
Ese fantasma de mi pasado, que lleva mi nombre y los mismos ojos, pero por dentro es solo una mala copia de mis miedos inconclusos.
Ese anclaje mal instalado, dentro de todos esos mares que nunca pude conquistar.
Ella, que fue todo, menos eterna.
Tú que terminaste recibiendo esta carta y aún no eres capaz de leer entre líneas tu nombre.
A todos ustedes, mis errores favoritos, tengo muchas cosas que decirles, pero me remito a una sola: Que si, los volvería a cometer, cada día, cada herida, cada desconsuelo y cada final.
Y vuelvo al comienzo, por que desde pequeña me han dado miedo los finales, ya sabes -por eso de no saber volver a empezar- que no son las ganas de esconder el dolor, son las ganas de querer vivir ahí, pero a su vez darme cuenta que eso mismo me estaría matando.
Que no son las ganas de no enfrentarlo, es el miedo de perderme en el intento, pero me miré por dentro el alma, y no pude encontrarme tantas veces perdida en el mismo lugar.
Supongo que de eso se tratan las recaídas, de pensar en el miedo que da caer, hasta que sientes lo frio que está el suelo, ser consciente que llevamos más vidas perdidas en el suelo, que amores perdidos en el cielo.
No sé trata de no perder, por que vivimos en constantes perdidas, incluso si volteas a ver en el ayer, serás consciente de que perdiste a la persona que eras hace 24 horas. Se trata de saber ser un buen perdedor, de desprenderse de lo que irremediablemente se tiene que perder.
Eso fuimos, eso somos y eso seremos, perdidas necesarias en el universo conformado de miles de perdidas innecesarias, pero al final de todo: Perdidas.
Y si juntamos todo, volvemos el comienzo el final, que la primera parte de esta carta tiene remitente, pero aún no sé cual es el final.
Supongo que es la despedida de todos y cada uno de ustedes, en cada tiempo y lugar, en cada agonía y cada hora estelar.
Mi final aún no lo logro encontrar.
Pero mis queridos errores, desde que estoy más lejos de ustedes, estoy más cerca de encontrarme.
P.D
No necesito su respuesta de vuelta, me basta con que hayan llegado hasta aquí para que entiendan que algunos errores como ustedes, solo fueron parte de la construcción de algunos aciertos como yo.



viernes, 13 de julio de 2018

Duele- Brisa García.



Duele, porque eres experto en abrirte la piel mientras alguien te intenta salvar la vida.
Claro que sabes como correr en medio de las tragedias, que escapar siempre ha sido tu salida favorita.
Claro que no ibas a irte sin antes disparar tu bala más profunda, duele que no contarás con que cara de la moneda iba a irme.
Que si, duele, pero no duele tu partida, lo que más duele son tantos años invertidos, que terminaron en la basura, como tu ego y mi corazón.
Duelen los días de febrero, me duelen las manos desde que ya no las enredo en tu cabello, me duelen los parpados desde que ya no estás para darles un beso.
Me duelen los labios resecos desde que tu saliva resbala por otros cuerpos, me duele como nunca el pecho y me duele como siempre el alma.
Me dueles como desde hace mucho me venías doliendo.
Y es una lastima no haber sido consciente de tremendos fantasmas que por miedo a la soledad cargamos tantos meses en la espalda.
Es una lastima voltear al pasado y tratar de sonreír por las primeras citas, los primeros besos, las primeras cartas, las primeras promesas… Para después tropezarme con las primeras mentiras, las primeras peleas, las primeras promesas que nunca cumpliste, las primeras veces que nunca te dije adiós, mientras tú venías y volvías como quien sabe que está a besando su propio karma y aún así le hace el amor esperando que venga la tormenta completa.

Eso fuimos tú y yo, una tormenta preciosa.
Una catástrofe enorme que no tenía medida en la escala fujita, así de grandes, así de nada, así de todo, así de tontos.

Eso fuimos, si es que algún día el verbo juntos, se conjugo en nosotros.
Duele, quema que tu boca nunca fue solo mía, pero mi cuerpo siempre supo navegar sin ti, que de mejores mares me he ido y si me seco por momentos vuelvo a llorar para reconstruirme una vez más, que siempre tengo a la poesía como plan: B.

El A eras tú, pero como es de costumbre: Llegaste demasiado tarde.