martes, 17 de julio de 2018

Carta a mis viejos errores.


Leí en algún lugar, que las recaídas son las ganas de esconder el dolor en vez de enfrentarlo.
Pero desde aquel incendio de nuestra despedida, no he hecho más que enfrentarme al dolor inmenso de preguntas sin respuestas.
Esta carta no tiene asunto, por que en medio de tantas muertes emocionales, no encuentro la direccional.
No sé que clase de carta sea esta, pero si sé a quienes les va tocar la puerta.
El, que es un desastre en medio de la tercera guerra mundial, ya sé que no existe la tercera guerra, pero el tampoco existe, lo único realmente existente es su desastre.
Ella, que es un respiro, al final de tantos asfixios emocionales, pero a su vez son las manos alrededor de mi cuello.
Ese fantasma de mi pasado, que lleva mi nombre y los mismos ojos, pero por dentro es solo una mala copia de mis miedos inconclusos.
Ese anclaje mal instalado, dentro de todos esos mares que nunca pude conquistar.
Ella, que fue todo, menos eterna.
Tú que terminaste recibiendo esta carta y aún no eres capaz de leer entre líneas tu nombre.
A todos ustedes, mis errores favoritos, tengo muchas cosas que decirles, pero me remito a una sola: Que si, los volvería a cometer, cada día, cada herida, cada desconsuelo y cada final.
Y vuelvo al comienzo, por que desde pequeña me han dado miedo los finales, ya sabes -por eso de no saber volver a empezar- que no son las ganas de esconder el dolor, son las ganas de querer vivir ahí, pero a su vez darme cuenta que eso mismo me estaría matando.
Que no son las ganas de no enfrentarlo, es el miedo de perderme en el intento, pero me miré por dentro el alma, y no pude encontrarme tantas veces perdida en el mismo lugar.
Supongo que de eso se tratan las recaídas, de pensar en el miedo que da caer, hasta que sientes lo frio que está el suelo, ser consciente que llevamos más vidas perdidas en el suelo, que amores perdidos en el cielo.
No sé trata de no perder, por que vivimos en constantes perdidas, incluso si volteas a ver en el ayer, serás consciente de que perdiste a la persona que eras hace 24 horas. Se trata de saber ser un buen perdedor, de desprenderse de lo que irremediablemente se tiene que perder.
Eso fuimos, eso somos y eso seremos, perdidas necesarias en el universo conformado de miles de perdidas innecesarias, pero al final de todo: Perdidas.
Y si juntamos todo, volvemos el comienzo el final, que la primera parte de esta carta tiene remitente, pero aún no sé cual es el final.
Supongo que es la despedida de todos y cada uno de ustedes, en cada tiempo y lugar, en cada agonía y cada hora estelar.
Mi final aún no lo logro encontrar.
Pero mis queridos errores, desde que estoy más lejos de ustedes, estoy más cerca de encontrarme.
P.D
No necesito su respuesta de vuelta, me basta con que hayan llegado hasta aquí para que entiendan que algunos errores como ustedes, solo fueron parte de la construcción de algunos aciertos como yo.



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